Jurgens portillo
Textos
Rigel Garcia
Dos veces realidad. Benjamín Cieza y Jurgens Portillo
Objetos comunes, personajes anónimos y espacios domésticos han sostenido la larga tradición de la pintura sobre lo cotidiano: esa que se aleja de lo grandilocuente y decide representar al mundo sólo porque es. A este universo retornan, con insistente y renovada perspectiva, artistas como Benjamín Cieza y Jurgens Portillo, quienes construyen un catálogo de la experiencia diaria, la memoria y el imaginario popular a través de realizaciones pictóricas de sobrado realismo. Lejos de limitarse a una crónica coloquial o exclusivamente íntima, la mirada de ambos sobre lo pequeño revela rasgos colectivos, sociológicos y, si se quiere, históricos. Su celebración de un ámbito muy visto en la vida (por ser vida) pero poco examinado en la pintura canónica confirma que ningún objeto es insustancial y que la existencia cotidiana transcurre, compleja y diversa, lejos de su aparente neutralidad.
Gracias a una atenta observación del entorno, Jurgens Portillo (Maracaibo, Venezuela, 1990) despliega en sus pinturas el inusitado brillo de los lugares y las cosas corrientes. La atmósfera sosegada de escenas en las que el devenir parece, simultáneamente, suspendido y fugaz, otorga a su trabajo una profunda dimensión contemplativa. Si bien no busca hacer denuncia, su registro de la precariedad revela muchas de las privaciones experimentadas por gran parte de la población venezolana; una lectura implícita que puede aflorar (o no), al mejor estilo de los mensajes velados de las vanitas históricas. Siguiendo una línea de trabajo iniciada en 2015, Portillo se interesa en la dimensión sensorial de la realidad: esa que puede engañar a la vista tal como lo haría un trampantojo. Su pintura explora también la percepción –de la luz, del silencio, del tiempo–; y, más allá, su propia capacidad para construirse como verdad aparente. A partir de apuntes del natural y fotografías de su entorno cotidiano, el artista manipula los elementos hasta lograr cualidades lumínicas y cromáticas específicas en cada escena; una permeabilidad entre realidad y representación que confiere a su trabajo el carácter metapictórico propio del género